31 de diciembre de 2009

¿A dónde nos vamos?

El Partido Popular ha hecho un análisis de la situación que atraviesa Córdoba y ha vaticinado lo que va pasar el próximo año e incluso más allá. Lo ha hecho con el rigor, la profundidad y la objetividad que le caracteriza, por tanto sus conclusiones hay que tomarlas muy en serio. Hay que escuchar con mucha atención lo que dice un partido político que aspira a gobernar en España, Andalucía y Córdoba porque sus razonamientos y propuestas pueden ser los que guien nuestras vidas en los próximos años. Sus dirigentes lo saben, por eso quieren dar una imagen equilibrada y, sobre todo, creíble a la opinión pública, sus argumentos están sólidamente fundamentados en rigurosos estudios, que enseñan ante los medios de difusión para demostrar que lo que dicen no es fruto del capricho, ni de la improvisación, ni siquiera partidista. Es la verdad, desnuda de toda hojarasca.

Pues bien, fruto de ese riguroso trabajo ha llegado a la conclusión de que Córdoba se cae a pedazos, así, de repente, sin estar preparados. Y claro, han conseguido asustarme, aunque creo que ese no era su propósito. Para evitar que el derrumbe me pille aquí y me pueda pasar algo, rápidamente me he puesto a buscar un destino para emigrar. ¿A otro lugar de Andalucía? Arenas no lo aconseja, dice que todo está fatal, que estamos sin Presidente hasta que él lo sea, yo creía que era Griñán, pero igual estoy equivocado, además eso puede durar porque ya lo ha intentado tres veces sin éxito. También ha dicho que el Gobierno de España nos maltrata, que no nos da el dinero que nos corresponde. No recuerdo bien si cuando él estuvo en el Gobierno pagó la deuda histórica, lo tengo que preguntar, aunque un defensor de los andaluces como es él seguro que sí lo hizo.

Bueno, pues me voy a otro lugar de España. Necio de mí, España se hunde en las más profundas simas de la miseria, del descrédito, de la pobreza y del pecado. El presidente Zapatero es un ser incompetente, un Herodes que mata a los niños. Nos podría salvar Rajoy, pero mientras llega podría ahogarme, o verme obligado a vender pañuelos en los semáforos, o vete a saber qué desgracias podrían pasarme, desde luego en España, hasta que no gobierne el PP, no se puede vivir.

Puestos a mudarme fuera de España, me gustaría ir a Estados Unidos, pero tendría que coger un avión, bueno, intentarlo, porque para subirse hay que desnudarse, andar por el control sin cinturón, con las manos sujetando los pantalones, el billete en la boca, descalzo, pasar un escáner y si me ven un bultito sospechoso en el esófago o en el duodeno, me detienen por terrorista y mientras averiguan en qué lista de terroristas estoy apuntado, puedo pasar mucho tiempo con las manos sujetando los pantalones, hasta que reconozcan que puede que no me haya tragado una bomba. Una vez en al avión, hay otro problema, una hora antes de aterrizar no puedo ir al baño y con los nervios de volar puede que lo necesite, así que tendré que llevar unos dodotis puestos, eso si me los dejan pasar en el control.

Luego pienso que para qué voy a ir a Estados Unidos, si el rojo ese de Obama se ha cargado en un año todo lo bueno que pacientemente estuvo construyendo Bush, el amigo de Aznar, en sus ocho años de inolvidable mandato. Así que he decidido quedarme en Córdoba y afrontar las consecuencias del derrumbe. Me he comprado un casco y me he puesto debajo del dintel de una puerta de mi casa y aguantaré como sea hasta que lleguen los del PP y recompongan los desastres que asolan este país, y sobre todo que reconstruyan Córdoba, aunque no sé si quedará tan bonita como antes de que se hiciera pedazos.

30 de diciembre de 2009

Año horrible

En estas fechas es costumbre hacer balance del año, ¿por qué será que lo primero que recordamos es lo malo? Este año no hay que hacer esfuerzos de memoria, para la mayoría ha sido un año horrible, donde se ha sobrevivido como se ha podido y lo mejor que podemos decir del 2009 es que se acaba. Pero no deberíamos olvidarlo, muy al contrario debemos mantener siempre frescas en la memoria las consecuencias de la avaricia, de las injusticias que produce un sistema, sin control alguno, donde se aprovechan unos pocos terroristas económicos y desgracian la vida de los demás. Se ha puesto de manifiesto con una enorme claridad la maldad de un sistema basado exclusivamente en el mercado como un sistema económico, político, social y cultural, es decir, todo es el mercado. Un viejo pensamiento puesto al día en los think tank de la derecha, difundido por sus medios de comunicación, aplicados por sus centros de poder económico y favorecido por el poder político. Cuando este enorme tinglado sufre una crisis tan profunda como ésta, no tienen reparos en defender y aplicar los principios de redistribución de la riqueza que defiende la izquierda y con una enorme desvergüenza culpan a los demás de la catástrofe que ellos han provocado y, con un gran cinismo se presentan como los salvadores. De este desastre no tiene la culpa Zapatero, de verdad, como no tiene la culpa el capitán de un barco al que le han abierto una brecha en el casco e intenta, con todos los medios a su alcance, que el barco flote.

Lo que mejor define lo que ha sido este año es la encuesta que se publicaba ayer. En los problemas de los españoles ocupa el primer lugar el desempleo, después la situación económica y en tercer lugar la política. Es decir, el problema de la inmensa mayoría es el paro, provocado por la crisis económica y que la política no resuelve. En la película El Padrino un personaje decía que “la economía es un arma y la política es saber cuándo hay que apretar el gatillo”. En este caso el arma se ha encasquillado, y no dispara por mucho que se apriete el gatillo.

Lo que realmente se está reclamando por parte de la sociedad es que todos los políticos se pongan a trabajar para salvar la situación, porque esto es mucho más difícil de resolver si la derecha, en la oposición, no sólo se niega a colaborar, sino que critica y entorpece todo lo que hace el Gobierno, sin aportar ninguna propuesta, sólo esperando que la situación empeore cada vez más, porque así gobernarán ellos. Volviendo al barco ¿Qué diríamos de los que se niegan a achicar agua porque lo que quieren es que el barco se hunda?

20 de diciembre de 2009

30 años de Ayuntamientos democráticos

En este 2009 que agoniza los Ayuntamientos democráticos han cumplido 30 años. Una generación ha crecido y se ha desarrollado en la normalidad democrática. Todo un lujo del que no disfrutamos los que crecimos en la dictadura y aún tenemos asignaturas pendientes que nunca podremos aprobar porque nunca volveremos a ser jóvenes. Estos cumpleaños vienen bien para que las nuevas generaciones conozcan que los mayores, cuando tenían su edad, vivieron en un mundo en el que no existían las libertades que hoy se tienen, que los alcaldes no los elegían los ciudadanos, sino que los ponía y los quitaba el dictador Franco, que las protestas y reivindicaciones se reprimían duramente, que los movimientos vecinales y sindicales se tenían que enmascarar porque estaban prohibidos, de los partidos políticos ni hablamos. Que la práctica de estas actividades se castigaba con la cárcel y alguna que otra paliza.

Por eso es explicable la ilusión y las ganas de cambiar las cosas con las que llegamos los que tuvimos el privilegio de formar parte de los primeros gobiernos municipales democráticos. Los Ayuntamientos hicieron realidad las expectativas de la población, realizaron una gestión transparente, acercaron el poder a los ciudadanos creando cauces de participación, destinaron más recursos a quien más los necesitaba, modernizaron el entramado burocrático y clientelista de la administración, frenaron procesos urbanísticos especulativos, como el que habían diseñado en Córdoba para los terrenos de RENFE, planificaron el territorio de manera que hiciera el crecimiento de la ciudad más ordenado y más rentable para toda la ciudadanía y no para unos pocos privilegiados, establecieron una relación más cercana al ciudadano, hicieron ver que el Ayuntamiento no era el palacio del señor, sino la casa de todos. En definitiva, la democracia se hizo visible, en gran medida, gracias a los Ayuntamientos.

Hace 30 años la mayoría de los Ayuntamientos tenía el dinero justo para sobrevivir, y algunos lo justo para pagar las nóminas de los funcionarios. En ese aspecto no han cambiado, continúan con la misma asfixia económica. Es cierto que los presupuestos que manejan nada tienen que ver con los de entonces, pero hoy prestan muchos más servicios y de más calidad. Precisamente por su proximidad a los ciudadanos, éstos les han reclamado la solución a problemas que no son de competencia municipal, y los Ayuntamientos han dado respuesta, en base a la vaguedad con que la Ley define sus obligaciones y también por la voluntad política de actuar ante la lentitud o inhibición de las Administraciones competentes, con lo que se ha ido ampliando la prestación de servicios, mientras que los recursos no han aumentado de la misma manera. Esta situación ha sido denunciada por los Ayuntamientos en forma reiterada en estas tres décadas sin obtener una respuesta por parte de los distintos Gobiernos, más preocupados por fortalecer a las Comunidades Autónomas.

La solución a este conflicto crónico que padecen los Ayuntamientos pasa por que se les reconozca que forman parte del Estado, como las Comunidades Autónomas o el Gobierno de España, aunque sean el eslabón más débil, y que, por tanto, cualquier solución a su financiación pasa por la definición clara de sus competencias. El problema estriba en que el establecimiento de estas competencias ahora depende de la voluntad política de cada Comunidad Autónoma, porque les fueron transferidas y figuran en sus distintos Estatutos de Autonomía. Para que no nos encontremos con distintos tipos de Ayuntamientos según la Comunidad en que estén hace una falta una nueva Ley de Bases de Régimen Local, que regule esta situación, con carácter general, para todo el Estado.

El Gobierno de la Junta de Andalucía se ha adelantado y ha presentado una Ley que regula la autonomía municipal y la financiación de los Ayuntamientos en función de sus competencias. Esta Ley ha sido consultada y debatida con la Federación Andaluza de Municipios. Si se desarrolla y se aplica correctamente. podría ser el punto final a la transición democrática municipal.

2 de diciembre de 2009

El silencio

La Iglesia ha tenido que admitir que el único camino que le quedaba a Cajasur era fundirse con Unicaja, ha tenido que reconocer que el Banco de España no iba de farol y que la intervención era una realidad. Hasta última hora ha estado esperando un milagro, porque eso es lo que se pretendía, que no hubiera fusión, que no interviniera el Banco de España y mantener todos los puestos de trabajo, pero alguno de sus miembros tuvo que mantener la cordura en medio de tanta sinrazón, aunque estoy seguro que todavía nos darán algún que otro espectáculo.

En todo este desgraciado asunto, que lleva varios meses expuesto, llama poderosamente la atención la escasa o nula reacción pública de los cordobeses. ¿Somos conscientes de lo que está pasando? Nadie que diga ni una palabra contra los autores de esta catástrofe. Nadie que le diga al representante de IU en el Consejo que es una gravísima irresponsabilidad decir "Si nos interviene el Banco de España, que nos intervengan", que no son gestos numantinos ni heroicos los que se necesitan, que no caben las soluciones viscerales, sino las sensatas y responsables, ¡que se está jugando con los intereses de muchos miles de personas! Nadie que diga que la culpa no la tiene el Banco de España, ni la Junta de Andalucía, ni Zapatero, ni Felipe González, que la responsabilidad del desastre la tienen exclusivamente sus gestores eclesiásticos que han controlado y dirigido la entidad a su capricho, que han silenciado y echado a los Directores Generales que les decían lo que estaba pasando y lo que había que hacer. Nadie que le diga al Secretario General de Aspromonte, el brazo sindical de la Iglesia, que la práctica del amiguismo ha inflado la plantilla de forma insoportable, que los errores cometidos los tiene que pagar quien los ha hecho, que las manifestaciones tienen que hacerlas contra los que han provocado su ruina. Nadie que diga algo, ni un editorial en los medios locales, ni cartas al director, solo un murmullo en bares y cafeterías. Algunos de los que han tenido que hablar porque les va en el sueldo, como destacados miembros de la dirección andaluza y cordobesa del Partido Popular, han batido un récord en decir incongruencias, buscando más el rédito electoral que fijar una posición política consecuente y seria.

Este silencio se comenta mucho fuera de Córdoba, dicen que es por miedo a señalarse, que es la consecuencia del clientelismo que sembró el cura Castillejo, un verdadero maestro en comprar voluntades. Tal vez tengan algo de razón, pero estoy seguro que, una vez que se ha encauzado el problema por el camino de la sensatez, habrá un tropel de voces que se apunten a la solución. Es muy cómodo y poco comprometido analizar la situación una vez que se ha resuelto el problema.

1 de diciembre de 2009

El gueto de Palestina



Los judíos no pueden utilizar la Biblia como un catastro para establecer derechos territoriales.
Andrè Glucksmann


Desde hace muchos años siento horror cada vez que me aproximo, desde distintas vertientes, al holocausto judío. No podré olvidar nunca mi visita a un campo de concentración en Alemania, cuando después de ver los barracones, los hornos crematorios y depositar un ramo de flores en el monumento que habían levantado en memoria de las víctimas, un nudo en la garganta me impedía respirar. Una cosa es haber visto imágenes o leído relatos y otra bien distinta es pisar el terreno donde se produjo esta barbarie. No se puede comprender cómo unos seres humanos pudieron tratar de esa manera a sus semejantes, sólo si sopesamos que no eran seres humanos y que no consideraban a los judíos sus semejantes podríamos entender algo de lo que pasó.

Pero el horror y la incomprensión no sólo se circunscribe a los campos de exterminio, también abarca el tratamiento que los nazis dieron a los judíos en los guetos, especialmente en el de Varsovia.

En la película El Pianista, de Roman Polanski, se recogía de una forma magistral la paulatina degradación de las condiciones de vida y las lacerantes humillaciones a que eran sometidos los judios. Primero los hacinaron en un barrio, después levantaron un muro para aislarlos, les hacían controles imposibles para pasar al otro lado del muro a desempeñar trabajos inhumanos, que sólo servían para conseguir el escaso alimento diario. Los que no se resignaron se organizaron en grupos que, escasamente armados, se enfrentaron al poderoso ejército nazi, éste respondía de forma brutal e indiscriminada.

Los israelíes, a través de instituciones y organismos, se encargan de que tengamos siempre presente esta tragedia difícil de olvidar.

Pensábamos que estas condiciones inhumanas de vida no se volverían a repetir, que nadie sería recluido en un gueto y menos por razones étnicas, religiosas o políticas, que el respeto a los derechos humanos serían garantizados por la comunidad internacional para evitar que se repitieran, y que, en caso de producirse, existiría tal repulsa y se haría tal presión a sus autores que tendrían que reconducir su actitud.

Efectivamente, este pensamiento es de una enorme ingenuidad. Ahí tenemos al pueblo palestino. Se le ha recluido en dos territorios separados donde viven hacinados, y satisfacen a duras penas sus necesidades más primarias gracias a la ayuda internacional. Han cercado a los habitantes de la zona de Gaza con un muro que los separa del mundo, al que sólo pueden llegar a través de accesos férreamente controlados por carros de combate y soldados israelíes de gatillo fácil. Si la desesperación de los palestinos les lleva a disparar algún cohete de fabricación casera sobre el territorio de Israel, donde sólo hace ruido, la represión es brutal, los carros de combate entran en el gueto a sangre y fuego con terribles consecuencias de destrucción y muerte. Las nuevas tecnologías aplicadas a las máquinas de matar han hecho más sofisticadas las formas de muerte. Desde una avión no tripulado se puede lanzar un misil sobre alguna persona concreta, aunque no siempre se acierta y muere más gente de la prevista, eso que ahora se llama “daños colaterales”, un eufemismo de matanza indiscriminada.

Se les ha llegado a cortar el suministro de electricidad, gas y combustible a la zona. La razón de esta actitud la exponía con gran cinismo Haim Ramon, un viceprimer ministro de Israel: “La gente de Gaza está sufriendo pero no estamos contra ellos, estamos contra sus autoridades”, esas autoridades que han sido elegidas democráticamente por el pueblo. Es de una enorme crueldad “domesticar” a un pueblo a base de hambre, sufrimientos y muerte, y cabe preguntarse cómo un pueblo que ha sufrido el holocausto y padecido el gueto es capaz de practicarlo contra otro pueblo.

Mientras tanto, la comunidad internacional mira hacia otro lado, incapaz de llevar a cabo las resoluciones de la ONU. Estoy seguro de que si hiciera una visita a Palestina también tendría un nudo en la garganta.

16 de noviembre de 2009

Trabajadores de Cajasur

Seguimos a vueltas con la fusión entre Cajasur y Unicaja. Con lo difícil que es en circunstancias normales este tipo de procesos, en las condiciones especiales que reúne éste, debido a la delicada situación de Cajasur, lo es más todavía y encima no ganamos para sobresaltos. Un día son los canónigos los que amenazan con reventar la operación, ahora son los representantes del sindicato Aspromonte los que se oponen a la fusión, después de haberla apoyado, y se suben a la parra anunciando movilizaciones. Dicen defender los puestos de trabajo de sus empleados. Esa es su obligación, faltaría más, y es lo que hacen todos los sindicatos. Lo que no se entiende es que Aspromonte aprobara hace unos meses un plan de actuación presentado por Cajasur al Banco de España, donde figuraba el cierre de 54 oficinas y un recorte del 10% de la plantilla y ahora, cuando hay que aplicarlo para hacer la fusión, amenacen con una guerra. Ahora proponen que el reajuste lo haga la futura Caja que resulte de la fusión. ¿Qué pretenden? ¿Que el reajuste lo sufra la plantilla de Unicaja? Es totalmente absurdo. Mientras tanto, los demás sindicatos están trabajando en la línea de la negociación para conseguir las mejores condiciones en un inexorable reajuste de personal. Lo que tendría que hacer este sindicato es explicarnos por qué apoyó la fusión y el plan de actuación y ahora se opone de forma virulenta, con términos como “el tiro en la nuca”, tan parecidos a los que empleó el Presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, con aquello de “aparecer boca abajo en una cuneta”, lo que hace deducir de quién es “la mano que mece la cuna”.

Comentario en Radio Córdoba de la Cadena SER. 16-11-2009

15 de noviembre de 2009

La Iglesia y el poder


La película Ágora ha recibido algunas críticas porque presenta a la Iglesia como una institución extremista y cruel. Quien hace esas críticas o desconoce la historia o hace gala de un gran cinismo. Algunas secuencias de la película, como la matanza de los judíos, me hicieron pensar que lo que estaba viendo se ha repetido en el transcurso del tiempo; por ejemplo, la matanza de miles de protestantes, perpetrada en París por los católicos, convenientemente agitados por predicadores capuchinos, en la trágica noche de San Bartolomé de 1572. Otra película, La Reina Margot, de Patrice Chéreau, trata esta vergonzosa página de la historia de la Iglesia con una gran crudeza.

La historia nos demuestra que la Iglesia católica, representada por su jerarquía, ha luchado por conseguir el poder y, en ocasiones, sin respetar el más elemental principio de los derechos humanos. Y lo ha hecho con ventaja porque dicen representar a Dios y administrar su palabra, casi nada. Los que osaban discrepar eran excomulgados, acusados de herejes, torturados y muchos de ellos quemados vivos. Este mecanismo les funcionó con extraordinarios resultados, no se movía una hoja sin que el Papa dijera dónde tenía que caer. Pero desde que llegó Lutero las cosas ya no fueron como antes y gran parte de Europa, asfixiada por el poder de Roma, encontró la ocasión de liberarse. Para nuestra desgracia, España no solo siguió fiel al Papa, sino que se convirtió en el país más fiel de todos. Y ahí seguimos.

Conviene recordar que en la dictadura hemos visto a los obispos sentados en las Cortes, igual que en el siglo VI con Recaredo, llevando al dictador bajo palio y saludando brazo en alto. El certificado de bautismo era necesario para ser funcionario y muy conveniente para conseguir un puesto de trabajo. Censuraban libros, películas y expresiones artísticas, que prohibían o amputaban de forma brutal, es decir, tenían el poder. Y esto no son historias, sino vivencias de muchos españoles que tuvimos la desgracia de padecerlas.

La democracia cambió las cosas, y la Iglesia perdió parte de ese poder desde la misma Constitución. Y lentamente ha ido retrocediendo frente al poder democrático, no sin resistencia y protagonizando reacciones virulentas. Y eso que ni siquiera se ha tocado el Concordato con el Vaticano que les garantiza vivir del dinero público. Últimamente han incrementado su ofensiva, para ello se valen de su influencia en el Partido Popular, que actúa como su brazo político, su sintonía con sectores del Poder Judicial y la movilización de su entramado social. La cúpula de la Conferencia Episcopal ha sido ocupada por el sector más integrista y sectario, que dirige la Iglesia hacia las posturas más beligerantes, y es en ese contexto donde hay que situar sus manifestaciones agresivas contra las leyes que propone el Gobierno en relación con la educación, o con la interrupción voluntaria del embarazo, siempre, naturalmente, contra el Gobierno socialista.

El secretario y portavoz de los obispos, Juan Antonio Martínez Camino, ha amenazado con la excomunión a los políticos católicos que voten a favor de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Lo primero que hay que considerar es que esas declaraciones corresponden a la postura oficial de la Iglesia católica, por tanto, no es de recibo que algunos de sus miembros intenten desmarcarse ante lo dicho por su portavoz. Si Rouco Varela y Martínez Camino no representan a la Iglesia, que los quiten. Cuando se amenaza de esa manera es que se quiere dejar claro que su poder está por encima del poder democrático, y, como consecuencia, se pretende doblegar la voluntad de nuestros representantes políticos. Eso significa un ataque directo a la democracia y la respuesta debe ser contundente. Debe quedar claro que estamos en otros tiempos donde el poder no viene de Dios sino de la ciudadanía, y que la norma es el respeto a la libertad y a los derechos de los ciudadanos, costó mucho conseguirlos y los defenderemos de los ataques divinos o humanos.

No quieren entender que las creencias pertenecen al ámbito privado de cada persona y que el ámbito público lo construimos entre todos desde el respeto y la tolerancia para conseguir una convivencia en paz. Creo que eso está más en consonancia con los principios del cristianismo que la fuerza y la amenaza. Creo que no lo van a entender.

5 de noviembre de 2009

La derecha y la democracia

En ocasiones resulta necesario, imprescindible más bien, recordar los principios sobre los que se basa nuestro marco de convivencia, nuestro sistema democrático, que se sustancia en el respeto al Estado de Derecho, el respeto a las leyes y, como instrumento de gobierno, la negociación y el acuerdo político. Y hay que recordarlo, por obvio que parezca, porque la democracia es un sistema más frágil de lo que parece debido a que los poderes, todos, económico, político, eclesiástico, tienden a desfigurarlo para que sea útil a sus intereses. Últimamente la derecha es un claro ejemplo de esto.

A la derecha española le está costando mucho hacer su transición de la dictadura a la democracia. Hoy, treinta y dos años después de haber acabado la dictadura, vemos que alcaldes como el de Granada se niegan a quitar el monolito dedicado a José Antonio Primo de Rivera, o a quitar de las calles el nombre de significados miembros de la dictadura, o la alcaldesa de Villanueva del Duque, de Córdoba, que también se resiste a aplicar la Ley de Memoria Histórica, o el alcalde de Torrejón, con esa inmensa bandera dedicada a los caídos. La lista sería demasiado larga, por desgracia.

Pero esto no es lo más significativo, el peor ejemplo lo está dando la dirección del Partido Popular. En la investigación de los casos de corrupción de la trama Correa que afecta a gran parte del partido, atacan a la policía y al juez, pese a publicarse las conversaciones, que dan vergüenza, y de haber sido imputados destacados dirigentes del partido. No entienden que ellos puedan ser investigados. El comportamiento de los jueces debe ser como el del Presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, más que amigo del Presidente, es decir, el Sistema Judicial al servicio de sus intereses. Y lo que más alarma es la naturalidad con que lo hacen, sin asomo de pudor.

Un demócrata no ampara la corrupción, ni ataca a quien la persigue, un demócrata sabe que la corrupción es el cáncer del sistema y que es preciso extirparlo, por doloroso que sea, porque primero es la democracia y después la familia. Un demócrata no ataca a un poder del Estado, podrá no estar de acuerdo con sus decisiones, pero jamás cuestionarlo.

Esta derecha parece que no es capaz de romper con su pasado que hunde sus raíces en la dictadura y más allá. No olvidemos que la guerra civil y la dictadura fueron la imposición brutal de su poder que históricamente les ha pertenecido por derecho divino. Y para ellos el poder es mandar, no gobernar y, de una manera u otra, mandar en todos los poderes del Estado.

Lo que necesitamos es una derecha sin atavismos, moderna, dialogante, que comprenda que lo más importante son los intereses de los ciudadanos y que, desde la oposición, debe colaborar con el Gobierno para conseguirlo, que debe ser dura con sus corruptos y que, por encima de todo, debe respetar las reglas del juego. Y existe entre sus filas gente que piensa así y es necesario que, cuanto antes, impongan sus ideas, consigan ser mayoritarios y acaben de una vez por todas con esos comportamientos que tan peligrosos son.

27 de octubre de 2009

Los privilegios de la Iglesia en la nueva Caja


Hasta última hora vamos a tener que sufrir esta doble y perversa personalidad de la Iglesia como institución espiritual y a la vez bancaria. Hemos tenido abundantes ejemplos en las últimas décadas que le quitarían la fe a un santo. El sólo hecho de ver a un cura presidiendo una entidad financiera que, como todas, niega créditos a gente necesitada o ejecuta hipotecas impagadas porque sus propietarios se han quedado en el paro, no deja de ser una actitud que nada tiene que ver con los principios en los que dicen creer. O la póliza millonaria que se ha llevado su presidente Miguel Castillejo para él y sus hermanas, otro ejemplo de un comportamiento poco edificante.

Ya que la fe de los creyentes les importaba menos que ser banqueros y ganar dinero, al menos deberían haber hecho bien su trabajo. Pero no, con una gestión personalista y caprichosa, ignorando las advertencias del Banco de España, han conducido a Cajasur a la ruina. Y cuando se les ha dado una salida que ha sido la fusión con Unicaja y Caja Jaén, quieren seguir manteniendo sus privilegios en la nueva Caja. Incluso horas antes de que el Gobierno de Andalucía aprobara el Decreto que da cobertura legal a los términos acordados, chantajean con un comunicado para mantener sus privilegios. Resulta soez que esa exigencia la haga quien ha hundido Cajasur y nos ha privado de tener un poder financiero genuinamente cordobés. La Iglesia ya tiene bastante con los millones que van a sacar de la fusión para que continúen con su labor de proselitismo. El resto de condiciones, como los demás. Su representación en los Órganos Rectores de la nueva Caja, los que correspondan como entidad fundadora, sujetos a las mismas condiciones de los demás.

Si la Iglesia continúa en su pretensión de tener privilegios en la nueva Institución, no habrá fusión con las otras Cajas, el Banco de España intervendrá Cajasur, cesará a todo el Consejo de Administración, con lo que la Iglesia se quedará fuera de todo, pondrá las cuentas en orden y después la venderá. La Iglesia debe valorar lo que más le interese, dadas las circunstancias, o aceptar los términos acordados con las demás Cajas, o desaparecer definitivamente del mapa financiero. Y cuando se está en esas condiciones, mejor agachar la cabeza, tener, por una vez siquiera, un gesto de humildad y terminar este vergonzoso camino cuanto antes.