4 de diciembre de 2018

LA RECONQUISTA EMPIEZA EN ANDALUCÍA


Así definió el líder de VOX el resultado electoral del pasado domingo, Andalucía convertida en la Covadonga del siglo XXI y él en D. Pelayo. Enfrente no estaban los sarracenos,  sino los socialistas corruptos y los comunistas chavistas, mala gente a la que hay que expulsar o eliminar del suelo patrio para conseguir la unidad de España y el triunfo del cristianismo.
Es un lenguaje que ya teníamos olvidado y que habíamos conseguido superar con la construcción de una sociedad libre y abierta. Veíamos que este fenómeno del renacer de la extrema derecha ocurría en otros lugares, pero aquí no porque estaban dentro del PP. Y así era hasta que se han separado y  han cobrado vida propia hasta hacerse presente e irrumpir fuertemente aprovechando nuestro sistema democrático.
Un fenómeno que tiene su causa principal en las crisis que provoca el capitalismo. La Gran Depresión trajo como consecuencia el nacimiento en Europa de los movimientos fascistas y nazi. Hitler alcanzó el poder elegido en las urnas. Ahora la Gran Recesión ha traído el resurgir de esos movimientos en Europa, a los que Trump y Bolsonaro no son ajenos. Es decir, son consecuencia del descontento general, de los profundos desequilibrios sociales que provoca y de la carencia de soluciones por parte de las democracias. Ese ambiente es un terreno propicio para que arraiguen los discursos más sencillos y demagógicos que no necesitan explicación y que tienen una gran acogida entre los descontentos por la ineficacia de los partidos políticos.  Ahora vemos en Francia brotar protestas muy duras, sin nadie que las lidere, es la expresión del nivel máximo de hartazgo y de que siempre paguen el pato los mismos. Una consecuencia del capitalismo salvaje que campa sin control produciendo desequilibrios sociales insoportables.
En este ambiente, se celebraron las elecciones andaluzas, las primeras de una larga etapa de convocatorias que tendrán lugar el año que viene. Estaremos en campaña electoral más de un año, con lo que eso significa.  El resultado electoral del domingo ha desconcertado por imprevisible y por la rotundidad con que ha hecho su aparición el neofranquismo,  ningún sondeo de opinión nos lo anunció. Además  irrumpe con capacidad para decidir nada menos que el Gobierno de la Junta de Andalucía. El PP que ha obtenido los peores resultados de su historia, se ha apresurado a contar con ellos para conseguir la Presidencia,  Pablo Casado se ha pasado toda la campaña lanzando mensajes muy parecidos a los de VOX, con los mismos  contenidos, Cataluña, la inmigración y la recentralización del Estado. De siempre esta derecha española ha tirado al monte, incapaz de deshacer de su herencia franquista y por tanto no le cuesta nada pactar con una fuerza que  aunque sea antisistema  es hermana de sangre.   
                                                                                               
Ciudadanos tiene en sus manos una difícil decisión política. Aunque se han postulado para presidir la Junta, son conscientes de que no lo pueden conseguir, por más que utilicen la serie de Borgen para sostener su pretensión. Son la tercera fuerza política, pese a ser los que más han subido en votos, en el transcurso de las negociaciones tendrán que venderse para que gobierne el PP.  En esta situación aparecerán en una foto indeseable  votando junto a VOX. Desde su aparición  en el panorama nacional han estado cambiando de posición constantemente y han ido desde firmar un programa de gobierno con el PSOE, hasta mantener posturas más de derechas que los populares.  Cambiar de opinión se puede admitir, pero tiene una línea roja, coincidir con una fuerza política franquista. Sería una postura muy difícil de explicar en una fuerza política liberal. Quién se alíe con VOX se mancha y aún quedan por delante las elecciones autonómicas, municipales, europeas y generales.

El PSOE debe asumir el error cometido que le ha costado muy caro. Las elecciones no estaban ganadas, estaban ganados los sondeos y la experiencia nos dice que es una situación propicia para que el electorado se desmovilice.  Ha faltado ilusionar a los andaluces con un  nuevo proyecto, como se ha hecho en el pasado. Ha habido otro inconveniente, el debate sobre Cataluña ha impregnado todo, impidiendo en gran medida que se debatiera sobre Andalucía. A esto hay que añadir que el discurso negativo de los 36 años en el Gobierno ha calado entre los votantes, pero tampoco han querido que el relevo sea el PP, al que también han castigado duramente.

Podemos e IU tienen que sacar conclusiones. En teoría la unión de la izquierda debe ser el objetivo a perseguir, pero los dos experimentos que ha habido han sido un fracaso, no solo no han sumado sino que han restado apoyos. El electorado de la izquierda está muy fragmentado y se ha demostrado que unir los pedazos en un puzle no es la solución.
Lo más importante  y urgente que tiene que tener  la izquierda es cómo se frena a la extrema derecha y a sus aliados camuflados de demócratas,  cara a las próximas elecciones. Una idea, pisar más la calle, estar más en contacto con los problemas de la gente y explicar con mucha pedagogía las propuestas que se hacen.