LA TRIBU, PELIGRO PARA LA DEMOCRACIA
La invasión multitudinaria de emigrantes que se ha producido en Ceuta, consentida por el gobierno de Marruecos, ha sido un fenómeno que no es habitual en la constante emigratoria que se viene produciendo desde hace décadas. Claramente pretendía desestabilizar al gobierno de España con una acción que favorece los criterios que defiende la derecha y apoya a las fuerzas políticas que quieren romper la UE. Un objetivo que pretende también el absolutismo millonario de EE. UU., a la vez que manda un nuevo aviso de su reivindicación sobre las ciudades autónomas.
El fenómeno emigratorio es muy complejo, la desesperación, el hambre, las persecuciones y el deseo de alcanzar una vida digna, lo hacen inevitable, pese a las miles de víctimas que ocasiona. Por tanto es necesario enfocarlo desde un punto de vista que contemple su regulación ordenada y su posterior integración, porque a nosotros también nos conviene.
Esta claro que de lo ocurrido en Ceuta no se pueden sacar conclusiones que tengan que ver con la política migratoria, sino con un intento de agresión “pacífica”, como lo fue la Marcha Verde que acabó con el dominio de España en el Sáhara Occidental. No será el último que padezcan Ceuta o Melilla.
Se ha dicho que ahora acabar con la democracia no se hace de forma violenta sino aprovechando precisamente la libertad que es la base fundamental de su existencia. Las ideas y los procedimientos, que estarían perseguidos en un régimen autoritario por ser contrarios al sistema, pueden expresarse libremente en un régimen de libertades. En ese sentido la democracia es un sistema débil que se puede cambiar, precisamente utilizando esa libertad. Los ejemplos de democracia en la historia, siempre han sido breves e incompletos, si lo comparamos con los periodos en los que ha dominado el absolutismo. La razón fundamental es que al poder económico (el Poder) la democracia le dificulta su rapacidad porque da oportunidades de gobernar a fuerzas políticas de izquierda contrarias a sus intereses. El hecho de que en el llamado mundo occidental, especialmente en Europa, haya prosperado un sistema democrático prolongado, ha sido el resultado de una reacción a la brutal aplicación del sistema autoritario nazi que provocó millones de muertos.
Ya ha pasado el tiempo suficiente como para que las nuevas generaciones ignoren lo que significó el poder dictatorial y por tanto no valoren los principios que conforman el Estado de Derecho del que gozamos. En esta evolución se ha llegado al extremo que ha hecho posible que el poder del dinero haya eliminado al político y tomado el mando directamente, en EE. UU. ya gobiernan los millonarios. Trump ha sido elegido por una mayoría de votantes norteamericanos. Sus votos se compran con campañas electorales millonarias y con mentiras difundidas por sus comprados medios de comunicación. En la UE, también corre peligro nuestra democracia formal ante el incremento de las fuerzas políticas autoritarias.
Es significativo que el principal instrumento que emplean para ganar adeptos es el señalar a un enemigo, eso siempre une, especialmente el emigrante, el diferente, el pobre, que vienen a quitarnos lo que tenemos. Es un argumento que siempre tiene éxito porque toca nuestras fibras más hondas, más primarias, nuestro sentido de tribu. Eso siempre ha funcionado desde los comienzos de la humanidad, es un sentimiento de supervivencia que está arraigado en nuestros genes. Para superarlo es necesario un ejercicio de solidaridad y razonamiento que supere al instinto natural y eso es mucho más complicado que ceder a ese instinto.
Por tanto no es sorprendente que incluso algunos con ideas progresistas tengan dudas sobre el fenómeno de la inmigración. Dudas que se superan razonando, pero dudas al fin. Frente a eso gana la firmeza de los argumentos nacidos de las entrañas y fomentados por el Poder. Se convence a los pobres para que persigan a otros más pobres que consideran sus enemigos. De esa manera destruyen el concepto de clase social y alejan el razonamiento lógico de que si hay pobres es porque hay un desigual reparto de la riqueza y los que la acaparan son los responsables y causantes de la pobreza de los demás. Ese razonamiento se debilita ante el de defender nuestros escasos bienes frente a los que vienen a arrebatárnoslos. Un sentimiento primario tribal.
Estamos asistiendo a una crisis de las ideas progresistas y solidarias que no terminan de imponerse frente a las mentiras de la derecha (ya no hay nada más que una y es la extrema). Ciertamente la lucha es desigual porque, como siempre, el Poder está de su parte, compran medios de comunicación que siembran el odio con mentiras y falsedades. Pero el espacio de internet es libre y, aunque los siembren de bots, cada persona que se sienta solidaria puede convertirse en un agente que difunda las ideas que sean una alternativa y que, al menos, haga reflexionar sobre la realidad y desmonte las mentiras que propagan. Ahora es necesario convertirse en activista, después ya será tarde. Los mayores ya sabemos lo que es carecer de libertad y para defenderla tenemos que tener claro quién es el enemigo y por supuesto no son los que vienen huyendo de la miseria y la pobreza buscando un medio de vida.
Es conveniente también destacar otros argumentos de índole material, como la necesidad de mano de obra para el crecimiento económico en una Europa que envejece, un hecho que pone en peligro el mantenimiento de nuestro estado del bienestar. Hay que hacer ver que el fenómeno de la emigración, bien administrado favorece nuestra economía y mejora nuestro sistema de vida. Los emigrantes no son nuestros enemigos, son nuestros aliados.
Comentarios