LA HEGEMONÍA DEL MAL

 

Vivimos en una época en la que la comunicación se ha convertido en el aspecto más importante que condiciona nuestras vidas. Estamos bombardeados permanentemente con mensajes en las redes sociales y en el aumento extraordinario de los medios tradicionales. Jamás en la historia de la humanidad ha habido el volumen de información (o lo que sea) como la que existe en estos momentos. Esta realidad tiende a ser controlada por el poder, el económico-político, claro, con lo que la información se convierte en propaganda. La verdad, que debería ser el verdadero objeto de la información, ha pasado a desempeñar un papel irrelevante, un verdadero problema de credibilidad para la profesión periodística. Lo más importante es transmitir lo que interesa para hegemonizar el relato. La aparición y uso de la IA ayuda a la creación de una realidad alternativa, es decir, falsa. El resultado es una sociedad desinformada, o mejor dicho, informada de lo que le interesa a quién la emite, con independencia de su veracidad y por tanto más fácil de manejar.

En la dictadura se contaba el chiste de un viajante que llegaba a un pueblo y se paró a comer en la taberna en la que también estaba el sargento de la guardia civil. Tenían puesta la radio y el locutor informaba de que el Caudillo había inaugurado un puente nuevo en un lugar próximo. El viajante sorprendido explicó que él había pasado por allí y no había visto ningún puente. El sargento, todo irritado, le replicó que lo que tenía que hacer era viajar menos y escuchar más la radio.


Esta situación causa un grave daño a la democracia, por eso es utilizado por quién le molesta que exista un sistema de libertades. Con referencia a los medios decía, el famoso ventrilocuo Miguel Ángel Rodríguez, que hoy no es necesario comprarlos para que pregonen tus mensajes, solo hace falta convertirse en sus mejores clientes. Y lo están aplicando sin mesura.

Lo que estamos padeciendo en estos tiempos, distorsiona la realidad y conduce a una visión alternativa cuyo objetivo es fomentar el odio al adversario. Sin duda esto es un elemento que influye notablemente en la opinión pública y que reflejan las encuestas, con un crecimiento de la derecha y extrema derecha que practican esta estrategia con profusión Todo ello sin presentar un programa que nos indique que van a hacer si llegan al poder.

Es curioso observar que hace algún tiempo los problemas que tenía la sociedad eran el paro y su economía, principalmente. Hoy la noticia de que España cierra el año 2025 con medio millón de empleos más y un nuevo máximo histórico de mujeres trabajando, aparece perdida entre las páginas de los periódicos y muchos medios ni lo ha contado. La derecha no habla jamás de la realidad en los avances económicos que está experimentando nuestro país, puesto como modelo por otras economías y medios especializados de todo el mundo. Aquí aplican el principio del nazi Goebbels “ocultar lo que favorece al adversario, contraprogramando con ayuda de los medios afines”. Ya no es la bonanza económica y los avances sociales que ha puesto en práctica este Gobierno lo que más importante, lo que han conseguido priorizar en la opinión pública es que hay que echar a Pedro Sánchez por ilegítimo, dictador, felón, mafioso... y muchos insultos más que no cabrían en este espacio.

La izquierda se siente mal en este escenario, no consigue que su mensaje cale en la sociedad, en el fango en el que la derecha ha instalado el debate, la izquierda no sabe responder, mentir no forma parte de su ideario y los éxitos de su gestión en el Gobierno no venden en este terreno donde la mentira, la infamia y el odio dominan el discurso. A esto se le añade la falta de unión en un discurso de la izquierda, lo que provoca una dispersión de ideas que divide al electorado. Es una falta de visión por parte de sectores de la izquierda que analizan la situación desde una realidad que no existe. Se defienden propuestas que quedan muy bien y a todos nos gustan, pero son irrealizables en estos momentos convulsos, en estas sociedades capitalistas y con un crecimiento preocupante de los valores fascistas. Un claro ejemplo desacertado de esto ha sido ver a la representante de PODEMOS decir que España tenía que romper las relaciones diplomáticas con EE.UU. a raíz del secuestro de Maduro. Así, sin anestesia. ¿De verdad se puede hacer eso ? En política no se puede defender lo que te pide el cuerpo en un calentón. Es una actitud irresponsable que solo queda bien para su parroquia.

En estos momentos, en la situación en que nos encontramos, en la que los valores y la realidad que hemos vivido desde la mitad del siglo pasado, están a punto de desaparecer arrasados por un poder dictatorial, lo importante es estar todos juntos en defender la democracia y el estado de bienestar que pueden desaparecer. No es el momento de marcar las diferencias, es el momento de encontrar lo que une, que sin duda debe ser la defensa de un sistema de libertades en el que se puedan poner en valor los principios que cada uno ampara. Después vendrán las diferencias, que deben seguir existiendo. La unidad de un discurso consensuado y pregonado convenientemente puede contrarrestar al que tiene esta derecha autoritaria. Es mucho lo que está en juego, nada menos que el retroceso de casi un siglo.



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