17 de julio de 2019

CAMINO A LA IRRELEVANCIA


En estos días me han parado por la calle varias personas y me comentan que echan de menos a los “políticos de antes”. Los de ahora son un desastre, dicen. Yo también pienso igual, pero no lo manifiesto, les respondo que eran tiempos muy difíciles que requerían que se priorizaran conceptos de Estado, y todos fueron conscientes de anteponer el interés general frente a los partidistas. Eran conscientes también de que  estaban construyendo un nuevo sistema de libertades para sustituir la autarquía franquista y que había que hacerlo de forma pacífica. Todos cedieron en sus principios y trabajaron por el bien común, el resultado fue  la firma de los Pactos de la Moncloa para resolver entre todos la difícil situación económica, la implantación de la democracia y su consolidación posterior.
En las primeras elecciones locales de 1979 ganó en Córdoba el PCE, con mayoría simple, el pacto PSOE-PCE que se formalizó a nivel del estado garantizó la mayoría absoluta a un gobierno formado por ambas fuerzas políticas. Sin embargo, el PCE invitó a la UCD a participar en la redacción de un PROGRAMA de gobierno para la legislatura. Se redactó el programa en el que también participó el PSA, se aprobó en un Pleno,  se publicó y  en el gobierno tomaron parte representantes de todas las fuerzas políticas. Sin duda eran otros tiempos. El ejemplo y el trabajo de los primeros ayuntamientos democráticos fueron pieza fundamental en la consolidación del nuevo sistema.
Hoy la situación es bien distinta. Ahora se trata de salvar la credibilidad de la democracia entre la población, harta de que se le convoque a votar y que sus representantes antepongan sus intereses partidistas al de los  ciudadanos. El problema está en que no  tienen conciencia del mal que se está haciendo. La ciudadanía, que en su mayor parte está interesada en sus cosas, está a la espera de que se tomen decisiones para resolver sus muchos problemas, algunos muy graves como poder llegar a fin de mes. Frente a esto se encuentra con que se nos amenaza con otras elecciones porque PODEMOS quiere que su jefe de filas sea Ministro a toda costa.
Mientras tanto todos los sabios tertulianos y los menos sabios, que somos los demás, estamos enredados en discusiones, unos en los medios de difusión y otros en los bares, sobre quién tiene razón, si Pablo Iglesias apretando con su propuesta, Pedro Sánchez resistiéndose a aceptarla, Rivera con sus desplantes o Casado haciendo de Rajoy.
Nos hemos quedado mirando al dedo y no a la Luna. No se tiene conciencia del mal que se está haciendo al propio sistema democrático. Hasta ahora de una manera u otra la ciudadanía encontraba respuestas a sus problemas y la sociedad ha avanzado aunque aún quede mucho camino por recorrer. Pero el deterioro de la economía familiar, la falta de horizonte para las nuevas generaciones, la insufrible desigualdad, unido a este bloqueo político que impide cualquier solución, hace que la población mire hacia otras opciones políticas alejadas de los principios democráticos, como el neofranquismo de VOX, o simplemente deje de acudir a las urnas, total para qué. Todos son iguales, van a lo suyo. Las exigencias y el desencanto siempre están en los votantes de izquierdas.
Quizás una solución  sería aplicar los mismos principios que se emplearon en construir el andamiaje democrático. Empezar por tomar conciencia de la gravedad del problema por parte de las dos fuerzas de izquierda, que son las que tienen la responsabilidad de armar la base de un gobierno, después tener una decidida voluntad de encontrar una solución, a continuación  llegar a un acuerdo programático y por último acordar las responsabilidades que tiene cada uno en la formación de ese gobierno. Por ese orden. Así lo hicimos nosotros, así se ha hecho siempre y ha funcionado. Eso requiere que se tenga confianza en el cumplimiento de los acuerdos, que no existan imposiciones, que se sea consciente de la representación que cada uno ha obtenido en las elecciones (Es absurdo que la única representante de PODEMOS en La Rioja pida tres consejerías, de ocho que hay, para apoyar a la candidata socialista) y sobre todo, que se piense en la ciudadanía y en el estropicio que se causa a la credibilidad de la democracia si el desencuentro conduce otra vez a las urnas.
El PSOE tiene que resolver una difícil papeleta, evitar el acorralamiento que practican las derechas para que pacte con los independentistas, terroristas y comunistas, el eje del mal, para después acusarle de haberlo hecho.
PODEMOS debe explicar por qué quiere a toda costa poner el carro delante de los bueyes, por qué exige formar parte del gobierno sin acordar antes un programa. Sí, ya suponemos que es porque no se fían  que los socialistas cumplan lo pactado, pero ¿realmente es solo eso? ¿No será también la necesidad que tienen de recuperar espacio político y hacerlo desde la cúpula del poder ya que lo están perdiendo por la base? Para eso es necesario que su líder ocupe un puesto relevante en el gobierno y demuestre cómo se hacen las cosas desde la izquierda verdadera, la de ellos.
Su postura que parece irrevocable, empuja también al PSOE a buscar alguna ayuda en la derecha para evitar una repetición electoral. Inmediatamente viene la acusación de PODEMOS  de que buscan la solución con la derecha.
Mientras tanto el cabreo ciudadano crece y ya avisa de que si hay otras elecciones van a pasar.  La derecha complacida contempla el espectáculo, les están haciendo el trabajo electoral.
En la película La vida de Brian (1979), el Frente de Liberación de Judea decide secuestrar a Poncio Pilatos, y el Frente Judaico Popular tiene la misma idea, cuando van a realizar el secuestro ambos grupos coinciden en los subterráneos del palacio del gobernador romano y surge entre ellos una encarnizada lucha por protagonizar el secuestro. La confrontación es contemplada por dos soldados romanos que apoyados en sus lanzas ven como se matan entre ellos, no hace falta que intervengan para defender al gobernador.  Esta película en su conjunto es todo un tratado en clave de humor de cómo no debe comportarse la izquierda, pero cuarenta años después seguimos igual y ya no tiene  gracia este despropósito.








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